cris is the identidad love

Amor

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Cuando el miedo habla, el amor sale por la puerta de atrás…

Bye bye love…

¡Hello miedo!

Este año se acabó mi miedo, y el amor ha hablado alto y claro…

Me ha dicho que no hay forma establecida de vivirlo, me ha dicho que yo puedo construir lo que quiera alrededor de él, y me ha dicho, sobre todo, que el amor no es una lucha de poder, una guerra, una conquista, una cárcel, un suplicio o una penitencia.

¿Posesión en el amor? que yo firme un papel no hace que te pertenezca, que tú lo hagas no hace que me pertenezcas.

Amar es compartir-me, es ver-te, es ver-nos…

A veces me siento como si fuera una loca por ser tan optimista en mi concepción de la vida… en todos los aspectos…

Ya me lo pareció cuando dejé mi trabajo fijo para embarcarme en la aventura de vivir siendo lo que soy y aprovechando mi máximo potencial, atreviéndome a hacer aquello para lo que siento que vine. Mostrarle a las personas que todo lo que necesitan está dentro de ellos y devolverles la fe en ellos mismos.

Y ahora… ahora me pasa con el amor…

Mis padres se separaron cuando yo tenía 13 años, me recuerdo llorando en el patio del colegio porque me sentía “mal” por ser hija de padres separados, sentía como que eso estaba mal. Separarse estaba mal porque las personas que se aman no se separan… ???? Y si no se separaban y estaban a matarse… ¿entonces eso era el amor?

Cris de 13 años hecha un lío…

Era confuso, aprendí que el amor era eso, sufrimiento, una cárcel y que salir de ella estaba mal… Ahora, con el tiempo, me doy cuenta de que esa decisión quizás fue la decisión más valiente y más amorosa de todas las que mi madre ha podido tomar en su vida, separarse. (Véase conclusión número 4).

Hace dos semanas me vi presa de esa idea de amor como cárcel, suplicio e incluso humillación, y verme presa, saberme presa, y llorar la tristeza de haberme “regido” por esa idea durante 34 años de mi vida, hizo que me liberara de su yugo…

Hoy hace dos semanas, quizás tres, de ese descubrimiento que dejó mi mundo patas arriba, sentía que no había nada cerrado, que se me había removido el suelo con respecto a mi concepción de las parejas…

Y seguí viviendo, y procesando… y llegué a varias conclusiones:

1ª: hay muchas formas de manifestar amor, el romántico es sólo uno de ellos, y además suele ser bastante tóxico si nos mantenemos en los dogmas y los estereotipos sociales y de género.

2ª: intentar meter todas mis relaciones en el molde “pareja” ha hecho que pierda a muchas personas que he querido, cuando en realidad esa “cajita” no era para ellos. Forzar las cosas… mal, es más, una vez leí por ahí que la vida es como un pedo, si lo fuerzas sale una mierda. Con las parejas pasa algo parecido. Perdonad el lenguaje escatológico, pero es tremendamente bueno como metáfora, escatológico, pero efectivo.

3ª: ahora siento más amor en mi vida de lo que he sentido nunca antes, y no es gracias a tener una “pareja” como dice la sociedad que se supone que es la forma más estandarizada de tener amor (¿tener amor?, el amor no se tiene, ¡SE SIENTE!). Tengo una red de personas a mi alrededor que es grandiosa, no por su tamaño, sino por su calidad… Y ninguna de esas personas es mi pareja.

4ª: este año en los casos en los que he metido a alguien en el molde de “pareja”, he tenido que tomar distancia, en algún punto he decidido hacerlo, y he entendido que a veces es la mayor muestra de amor hacia alguien. Primero hacia mí misma cuando esas personas no podían o no querían ocupar ese lugar en mi vida, y segundo hacia ellos, cuando descubrí que mantenerme a su lado haría que llegara a odiarles… sí, forzarlo hubiese hecho que saliera una mierda…

El amor, para mí, ahora, es…

Siento que está por debajo de todo, y aunque en su nombre se cometen atrocidades, he aprendido que el problema no es el amor, y creedme, estuve creyendo eso y cabreada con el amor, temerosa del amor, hasta hace aproximadamente dos años.

El problema nunca es el amor, el problema es el uso que hacemos de él, y cómo lo confundimos con otras cosas, como posesión, poder…

Las palabras son fáciles de usar y de manipular,  y decir “hago esto por amor” es fácil, lo difícil es enfrentarse a uno mismo y ver qué hay realmente debajo de ese comportamiento…

Si es amor no es dañino, quizás no sea fácil, pero el amor nunca es hiriente, no busca herir… y si hiere, hay algo que se está manifestando como un acto de amor mal entendido.

Doler y herir son cosas diferentes, el dolor surge de las tensiones naturales de la vida; crecer supone estirarse, y estirarse duele, si no probad a estirar después de un entrenamiento y me contáis, sin embargo es un dolor que sana, natural, no hiere, SANA.

El amor no hiere… el amor sana

Y de ese… de ese es el que siento casi cada día desde hace 15 meses, a veces en forma de amistad, a veces en forma de fraternidad, a veces en forma de pasión, intimidad, compañerismo… se manifiesta casi siempre en relación con el otro; con mis sobrinos, con Miko (el perro que adopté hace tres años), con mi familia, mis amigos…MIS PERSONAS…

Siempre se manifiesta en relación con el otro, pero termina sanándome a mí misma.

Me sana cuando entiendo que sale de mí hacia los demás, y que esa es la mejor parte, esa es la bendición, que el amor es el premio… y que el premio ya está aquí, no necesito poseerte, no necesito doblegarte, no necesito manipularte. El premio es sentir esto y eso me permite confiar en el amor, saberte libre y confiar en que veas la persona que eres y que me ha hecho sentir esto, que te veas a través de los ojos que te aman… y que ser la persona que te ve a través de estos ojos que te aman, ya es el premio… y eso… eso es lo que nadie puede quitarnos.

 

 

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